Todo se reduce a una rutina: Lunes, suena el despertador, me levanto, desayuno, o no, luego me aseo o no, me visto, si claro, miro el correo electrónico, tomo las pastillas, o no, echo un vistazo por la casa, vuelvo a ir hasta el dormitorio y de nuevo a la salida, por fín llamo al ascensor, en ese preciso momento sale el vecino del primero e instantes antes de apretar el botón de llamada, lo pulsa él, con lo que he de esperar a que le baje el ascensor hasta la PB desde el primero, fijense amigos, pero eso no es lo peor, lo peor es que cuando por fín llega el ascensor y abre sus puertas, una nube de humo te envuelve provocando giros cada vez a mas velocidad de tu estómago que en ese momento parece más bien una batidora que un lugar donde se espera guardar los manjares mas exquisitos de nuestra tierra. Una vez que consigo llegar a la PB, respirando durante 7 interminables pisos, el olor nauseabundo de su tabaco al empezar el día, salgo a la calle y me dirijo a toda prisa hacia el garaje pues ya llevo retraso y cual será mi sorpresa que cuando llego a la puerta busco desesperadamente la llave que ha de abrirla y me doy cuenta de había cambiado de ropa y no la recuperé, con lo cual he de VOLVER A EMPEZAR. OHHHHHH NOOOOOO!!!! y así empezamos una nueva semana. Gracias por vuestra comprensión.