Déco

Déco

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Sueños de La Tundra!!



Soplaba un aire seco, pesado, gélido, llegaba a quemarte a su paso por la nariz camino de los bronquios, tan blanca era la claridad que obligaba a cerrar los ojos, el frío cortaba la piel como de una cuchilla se tratase, el silencio llenaba el espacio, nuestros pasos sonaban lentos y cansados, en fila de a uno llevábamos el día entero sin parar, la gente tenía hambre y habría que acampar para la noche, pero donde? aquel paisaje yermo, frío, blanco, nada a un lado ni a otro, perdías la vista en el horizonte y nada donde detenerla.
Nuestros ropajes no ayudaban, pesados, duros, las pieles para las caminatas a través de la nieve no son aconsejables, pero es lo que tenemos, nuestra tribu diezmada por los últimos ataques de los grandes mamíferos, la forman unos ancianos, unos críos y sus madres,  y 4 jóvenes cazadores,

Está terminando el día hemos de acampar antes de que oscurezca completamente o tendremos problemas, debemos de alumbrar el campamento  para ahuyentar a las fieras de las tinieblas. Con movimientos lentos por el agotamiento y el hambre, soltamos la carga en medio  del infinito espacio para disponernos a montar las tiendas que nos protegerán en la noche, en pieles humedecidas por la nieve depositamos grandes cantidades de grasa que encendemos a nuestro alrededor, con el fín de protegernos de la oscuridad,  no existe el tiempo en nuestro mundo, solo el día y la noche, los ojos asustados de los niños y las miradas cansadas de los ancianos, no solemos hablar sólo mirarnos y gesticular, nuestras extremidades son fuertes y desarrolladas, pero nuestra esperanza de vida no suele superar los 30 años. Nacemos en un ambiente plagado de tempestades en el que la vida no tiene ningún valor, solo luchamos por sobrevivir un día más. Amanecemos con una hembra, y a la mañana siguiente, quizás no tenemos nada, nuestra vida pasa en un día de estar llena a quedar hueca como el esqueleto de un dinosaurio.

Una vez asegurado el campamento, nos disponemos a desenvolver las viandas que nos quedan de cazas anteriores, repartimos y reservamos, los niños duermen, las mujeres trabajan las pieles y los ancianos farfullan. Nosotros los cazadores proyectamos rutas para el día siguiente antes de que nos venza el cansancio.

No sé el tiempo que ha pasado, pero un ruido estrepitoso me saca de mis sueños, gritos un ir y venir, no encuentro la salida de la tienda, trato de ponerme en pie pero un golpe seco y contundente me hace caer sin sentido. Ahhhhhh, me toco la cabeza y la sangre se ha quedado endurecida por el frío, que dolor, no escucho nada ahí fuera, pero ya hay claridad, me incorporo como puedo y trato de encontrar la salida flanqueada por bultos  y otros palos que retiro con dificultad, cuando salgo mi visión se nubla, un mar de sangre se mezcla con la blanca nieve, cuerpos destrozados  esparcidos en todo el entorno, solo quedan las humeantes hogueras con un olor dulce a sebo de bestia. Las madres abrazadas a sus hijos con la mitad del cuerpo en sus brazos, los ancianos aplastados medio metro hundidos en la nieve y los cazadores, sus cuerpos yacen distanciados lejos del campamento prueba de que han luchado por su vida. Un ataque por sorpresa,  de las grandes bestias, tienen hambre como nosotros, nada eres, si no consigues sobrevivir a las inclemencias de la vida en estos parajes. Te acuestas con lo que tienes y te despiertas sin nada, así es este ecosistema, recogeré los víberes y las pieles que me puedan servir para seguir ruta, no puedo quedarme pues el olor de la sangre atraerá a más depredadores.

Una fuerte luz brilla en el cielo, cegadora, mis ojos sufren si la miro y ciegan, el suelo suelta luces a mi paso, silencio, silencio, soledad, solo espacio, gran espacio, vacío y yermo, quedo solo yo? me pregunto, mientras sigo caminando sin detenerme como si de un autómata se tratara, de pronto levanto mi vista y diviso a lo lejos unos prominentes desniveles, y pienso que es eso? acelero lo que puedo el paso asombrado de que en aquella inmensa llanura hayan aparecido unas elevaciones tales que no dejan ver detrás, que es aquello? mis pies se hunden en la nieve, pues parece que está más blando el polvo blanco, lo que hace que se relentice mi caminar, comienzo a ascender con gran trabajo por la ladera de aquellas montañas, y al cabo de 5 horas de subida llego a la cima y mis ojos no pueden creer lo que están viendo, se ha desvanecido el polvo blanco, dando paso a un manto acolchado verde y marrón plagado de árboles gigantescos que sirven de alimento a los grandes hervíboros, un extenso valle rodeado por un río caudaloso donde se puede ver brillar grandes peces, hermoso paisaje, jamás visto por el ojo del hombre. 

Ha llegado el final de la Tundra que dará paso a la siguiente era de las tribus nómadas.


PD
Nada tenía valor,  solo el día que recibías cada mañana, que siempre se vivía como si fuera el último.

Espero que te guste!
(cont)