Déco

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martes, 8 de noviembre de 2011

La estrella caída del cielo



A veces la vida escribe derecho pero con los renglones torcidos.

Este relato es la continuación de "La Cita", no voy a dejar que la resolución quede en incógnita pues no es mi estilo, me gusta desnudar cada situación.

Y llegó la noche, en el cielo brillaban un infinito número de estrellas, estaba dispuesta, mi mente y mi cuerpo en completa armonía, aderezados con finos y caros ropajes, y perfumes procedentes de los aromas de las flores que adornan el Olimpo de los dioses.

Habíamos quedado en el hall del hotel, logicamente me retrasé unos minutos y allí estaba, yo le extendí mi mano y el me la cogió y me atrajo hacia sí dándome sendos besos uno por mejilla. Todo iba perfecto amena conversación, ambiente ideal, el vino correcto, vamos de película, pero de pronto la conversación se tornó al terreno personal-sentimental, yo me empiezo a poner tensa, pues creo que en la primera cita es un poco pronto para tocar ciertos temas, y me pongo a pensar, por que la prisa? yo soy desconfiada por naturaleza, como mujer que soy claro, y ya vengo escaldada, así que me pongo en guardia y sin llegar a los postres le digo estás casado?

Ajá diana, se queda con cara de sorprendido mirándome y yo le sostengo la mirada, y me contesta bueno si, como queriendo decirme : bueno solo un poco, jejejejejeje, con la misma me levanto y deposito la servilleta en la mesa le miro y le digo: ni como amigo te quiero a mi lado. Hasta otra.

Y ahí se quedó mi estrella caída del cielo, pero los dioses nos mueven a su antojo y aún no había terminado el día y el caso es que esa no era mi estrella, mi estrella me estaba esperando cuando llegué a mi habitación, esa sí era mi estrella para este día  :DDDDD

Gracias DPL (para ti)

PD: 
Cual es la moraleja? pues que no está tan claro el desenlace de lo evidente, pues nadie ha dicho que lo evidente sea el final, sino el camino para llegar a él.

Es tan importante un amor, como una buena amistad, yo lo valoro igual ya que cualquiera que forme parte de mi vida bien sea compartiendo mi amor y deseo, o mi amistad y mi cariño me merece todo el respeto y la confianza necesarias comparable a uno mismo.